Antonio A. Herrera-Vaillant
aherreravaillant@yahoo.com
Todo político exitoso trae su veta de actor, pero algunos poseen una magia adicional que hechiza a importantes segmentos de la población, creando una hipnótica sintonía que vuelve a sus fanáticos en especie de "zombis", incondicionales del líder.
Una extraordinaria habilidad comunicacional, empatía é instinto para los resortes emotivos de la masa, encanta a los marginados de siempre, que identifican plenamente con esa figura, llámese Führer, Evita, Fidel ó Chávez.
En Venezuela la esencia del conjuro es la soez vulgaridad, pues a toda chusma le fascina la ruda figura de un atorrante que a nada ni a nadie respeta.
Mas el hombre propone, Dios dispone; y todo sortilegio tiene su fin.
Mientras un ídolo agónico exprime su última gota de carisma, emerge lo peor del deleznable legado: Una mafia cortesana tan inepta que hasta el intelecto lo debe importar. Pues es ése -y no otro - el verdadero rol de los viejos ofidios cubanos: aportar cerebro, criterio y lógica a un bruto y torpe entorno que ni para eso sirve.
continua
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