Abel Ibarra
Existe una gleba electoral subvencionada monetaria y emocionalmente por Chávez que tiene una cabeza borbónica: no olvida ni perdona, a lo que habría que agregar que tampoco aprende, aparte de que tiene un corazón que no escucha el rumor de la calle y se contenta con seguir a pie juntillas el soliloquio de sus latidos mezquinos que no les permiten ni siquiera leer la prensa.
Cuando el otrora Júpiter tonante se vio obligado a confesar que sufría una grave enfermedad (no la nombro por Cábala), comenzaron las plañideras a destajo a jurarle su amor eterno (no vaya a ser que se recomponga) y a lamentarse de que éste pueda no regresar a su pasado de super héroe jactancioso, porque sin él “no se sabe que va a hacer la oposición con nosotros”.
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