Cansado y afónico, pero contento de estar en Cuba, Benedicto XVI presidió al atardecer del lunes una misa multitudinaria con 200.000 fieles en la Plaza Antonio Maceo de Santiago de Cuba. Hacia el final de su homilía, el Papa invitó a los fieles a “construir una sociedad abierta y renovada, una sociedad mejor, más digna del hombre”, pero utilizando sólo “las armas de la paz, el perdón y la comprensión”.
El Papa quiere una transición, pero exquisitamente pacífica y, para facilitarla, un clima de reconciliación que sólo se alcanza cediendo por ambas partes, sobre todo por la más débil. Esa es la línea que sigue el Vaticano con el gobierno. Si se hubiese empeñado en una postura maximalista, Benedicto XVI no podría estar en Cuba levantando los ánimos a los católicos en un país donde la práctica religiosa es una de las más bajas de América.
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