martes, 8 de noviembre de 2011

Nicaragua invertebrada


Es posible que por separado ningún país centroamericano sea viable. Que haya que volver al modelo colonial español que integraba en un una misma entidad a Guatemala, Honduras, El Salvador, Costa Rica y Nicaragua (Panamá era parte de Colombia), o simplemente rescatar el sueño de Morazán de la Federación Centroamericana. O quizás eso a estas alturas, a pesar de la tendencia integracionista planetaria, sea una fantasía irrepetible.
Y con sus lagos, costas interoceánicas, volcanes y su prestigio de tierra de poetas, con el padre del Modernismo literario, Rubén Darío,  como figura cimera, Nicaragua pudiera haber sido un espacio afortunado.
Pero esa nación se ha visto estremecida por anonadantes experiencias históricas. Aparte de la pulverización de la República Centroamericana a la cual perteneció, encontramos que el país vivió el trauma de ser dominado en 1855 por un grupo de mercenarios filibusteros, que el caudillo liberal Francisco Castellón contrató para enfrentar al conservador Frutos Chamorro. El pirata William Walter, jefe de los intrusos, arrebató el mando a los nicaraguenses y para salir de él fue necesaria la intervención de las tropas coaligadas de Honduras, Guatemala, El Salvador y Costa Rica.

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