Los líderes sindicales de Miami no celebran este fin de semana del Día del Trabajo, pero los contribuyentes deberían estar agradecidos.
La ciudad, calificada de ``república bananera'' por sus detractores, es ahora la más admirada entre los agobiados dueños de propiedades. Los comisionados mostraron a los demás gobiernos del sur de la Florida que, en medio de una prolongada recesión, los líderes electos pueden hacer los ajustes más duros sin afectar los servicios.
El presupuesto que el alcalde Tomás Regalado y el administrador municipal Carlos Migoya propusieron --y los comisionados aprobaron por unanimidad-- es una píldora difícil de tragar. Las reducciones de salario de entre 5 por ciento (para los que ganan $39,000 al año o menos) y 12 por ciento (para los que ganan $120,000 o más) mantienen solvente al gobierno municipal.
Con estas reducciones (y limitar a $100,000 al año los pagos de pensión para los que no cumplen los requisitos a tenor con el plan más generoso) el gobierno municipal salvó 1,300 empleos, una tercera parte de su fuerza laboral. Miami declaró en mayo una ``emergencia financiera'' para dar un poco de cordura en los contratos cuando estuvo claro que los sindicatos no iban a cambiar de opinión.
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