jueves, 9 de octubre de 2008

Antonio Ledezma la mejor opción



Antonio Ledezma la mejor opción
Abel Ibarra

En la Alcaldía Mayor de Caracas las cosas están en blanco y negro. Antonio Ledezma le va a ganar las elecciones a Aristóbulo Istúriz como ya lo hizo una vez.
Aristóbulo, siendo alcalde de Libertador quiso reelegirse en 1994, montado en la ola de desprestigio que se cernía sobre los partidos y la crisis que dio al traste con la democracia, pero, la pésima gestión realizada y, el empuje vital de Antonio, lo hundieron en la derrota.
Antonio Ledezma es la mejor opción para Caracas, es un hombre de experiencia, conoce los problemas de la gente, es un trabajador incansable cuando se propone lograr un objetivo y tiene un plan para la ciudad, sobre todo en materia de seguridad, basado en la experiencia obtenida durante su primera gestión. Lo sé porque trabajé con él cuando fui nombrado Secretario General de Fundarte y recuerdo que era difícil seguirle el ritmo.
La gestión de Antonio fue exitosa en lo general, claro está, que dentro de todas las limitaciones que imponía el caos al que llegó el país y los presupuestos menguados. Puso orden en la Corporación de Servicios Municipales dotándola del equipo necesario para mantener la infraestructura de la ciudad, reformuló las políticas de Fundapatrimonio para asegurarle a Caracas el resguardo de su herencia cultural e histórica, saneó la política fiscal del municipio, atendió con prontitud el problema de la basura y canceló el despelote de las empresas contratistas, saneó la administración de la antigua Mersifrica, recogió a los indigentes de las calles y reorganizó la policía municipal que, dicho sea de paso, había sido convertida en un nido de hampones por el lengua mocha de Bernal cuando era jefe de ese gang llamado grupo CETA.

La cultura
En lo que se refiere al campo de la cultura, hicimos malabarismos con un presupuesto deficitario. Esteban Araujo, presidente de la institución y yo, pusimos el énfasis en el sentido de animación social que debía tener nuestra gestión y Antonio aprobó el plan poniéndose a la cabeza del mismo. El buque insignia de aquel proceso fue la creación del proyecto NAVE, Niños Actores de Venezuela, dirigido por Pilar Romero. Pero, indefectiblemente conducido desde el punto de vista artístico por uno de los mejores directores de teatro que ha conocido la escena venezolana, Roberto Stopello.
El objetivo del proyecto era el de reclutar niños en situación de deserción escolar (extraídos de los barrios más depauperados de Caracas), para incorporarlos a un proceso de formación integral donde el teatro era el motor principal. Fue una experiencia con la que se intentaba emular el proceso de las Orquestas Juveniles creadas por el Dr. José Antonio Abreu, aunque todo se frustró porque el gobierno de Bernal no le dio continuidad.
Antonio se convirtió en el principal promotor del proyecto, uno de los de mayor éxito que ha tenido gestión cultural alguna. Así mismo hizo con los talleres de fabricación de instrumentos musicales y el de orfebrería, que permitieron a habitantes de nuestros barrios obtener un oficio con el cual ganarse la vida. Y pare de contar actividades que Antonio supervisaba directamente, como “un artista en cada plaza”, la restauración de los teatros Municipal y Nacional, la creación del Museo al Aire Libre en el parque Los Caobos, siempre, con el solo interés de mejorar la calidad de vida de los caraqueños.

Las credenciales
Antonio tiene las credenciales. Además de haber sido Senador con amplia experiencia legislativa, fue gobernador de Caracas, cargo desde el cual desarrolló una actividad febril y logró resolver problemas de vieja data como, por ejemplo, la recuperación de la maternidad Concepción Palacios, el Hospital de Niños y la red sanitaria, reforzando el sistema de salud de la ciudad.
Su combate contra la inseguridad le permitió entregar muy respetables estadísticas al final de la gestión, además de que posee una virtud que escasea en los actuales gobernantes de Caracas: Antonio es un tipo decente que sabe administrar los dineros públicos con probidad y no desmaya en el trabajo. Y a pesar de que la masa capilar no ha sido muy generosa con él, no se rinde frente a los retos que le impone la vida diaria porque sabe lidiar con las crisis sin cansancio, con ese espíritu juvenil que lo caracteriza.
Recuerdo que una vez cuando estábamos en campaña para su reelección (en la cual su mismo partido lo saboteó), le dije a una amiga periodista: “tú deberías meterte en la campaña para que nos ayudes en el próximo gobierno” y la amiga me respondió, “no vale, ¿tú estás loco?, ese tipo trabaja demasiado”. Vale.