
La tecnología, la energía y los procesos sociales
El término tecnología es uno de los más utilizados en el lenguaje contemporáneo porque se han ido yuxtaponiendo muchas definiciones y acepciones al concepto original. Y es que en los últimos decenios de la vida humana el conocimiento ha crecido de forma tan explosiva y exponencial que su aplicación se ha diversificado a todos los campos del quehacer humano. Y por extensión, hasta las artes y prácticas ajenas al mundo estrictamente material se les dice que tienen una “tecnología”.
Para comprender mejor esa realidad, a continuación les reproduzco la definición que aparece en la Enciclopedia “en línea” o Wikipedia:
….”Tecnología es el conjunto de saberes que permiten fabricar objetos y modificar el medio ambiente, incluyendo las plantas y animales, para satisfacer las necesidades y deseos humanos. Es una palabra de origen griego, te........, formada por tekne (te..., "arte, técnica u oficio") y logos (....., "conjunto de saberes"). Aunque hay muchas tecnologías muy diferentes entre sí, es frecuente usar el término en singular para referirse a una cualquiera de ellas o al conjunto de todas. Cuando se lo escribe con mayúscula, Tecnología puede referirse tanto a la disciplina teórica que estudia los saberes comunes a todas las tecnologías, como a Educación Tecnológica, la disciplina escolar abocada a la familiarización con las tecnologías más importantes.”
Y es que el desarrollo de los conocimientos, aplicaciones y prácticas para cada vez satisfacer más plenamente las necesidades y aspiraciones humanas es un proceso que comenzó hace miles de años con la utilización más incipiente de las primeras herramientas más elementales, la creación de los primeros refugios y vestidos, de los instrumentos de defensa y comunicación entre los miembros de los clanes y tribus, y los posteriores y subsiguientes desarrollos sofisticados del aprendizaje como un proceso, de la producción en masa y la vida en aglomeraciones urbanas y suburbanas. Cada uno de ellos tiene asignada una tecnología en nuestro lenguaje y quehacer diarios (tecnología
Desde esos primeros pasos de la especie humana hubo la necesidad imperiosa de dominar fuerzas naturales y ponerlas al servicio del hombre para cocinar los alimentos y preservarlos en la abundancia para los períodos de escasez, para controlar el frío y calentar los refugios, para potenciar la fuerza humana y animal y para realizar tareas cada vez más grandes y pesadas, para viajar distancias cada vez mayores y para usos que el propio desarrollo fue creando y eran impensables al principio de la existencia humana.
El primer elemento que habría que dominar fue el fuego; cómo crearlo y extinguirlo a voluntad, cómo dimensionar su intensidad en forma controlada, cómo utilizarlo para lograr transformar y utilizar otros elementos, los cuales cambiaban completamente su utilidad y capacidad sometidos al fuego. La utilización de este elemento y el desarrollo de prácticas y procesos (¿tecnología?) para su óptimo rendimiento condujeron a alternativas que producían resultados similares o mejores con menor riesgo, costo o trabajo y finalmente a resultados completamente novedosos y revolucionarios.
Nació el concepto de energía. Y este concepto también ha evolucionado en paralelo al propio desarrollo humano que ha descubierto sucesivamente nuevas y nuevas formas de energía para saciar la inagotable, creciente y monstruosa demanda humana por comodidad y desarrollo material que requieren transformaciones incesante de la materia, de procesos crecientemente complejos y de consumos insospechados hace solo unas décadas.
Esa creciente interrelación entre dos cosas que en su origen eran independientes: la energía y la tecnología ha evolucionado en esa interdependencia estructural, condicionando la una a la otra en una incesante contradicción cuya solución es el desarrollo, impulsado ciegamente por ella, de forma similar a cómo la incesante lucha por encontrarse entre la oferta y la demanda genera un precio, un equilibrio inestable y momentáneo de dos contrarios en incesante lucha.
La historia del desarrollo humano es la consecuencia de esa motivación perenne por ascender en el plano espiritual y material tanto individual como colectivo, con el trabajo incesante por descubrir formas, recursos y procesos que superen lo que lo limita y encierra. Las fuerzas ciegas del mercado perderían su fuerza si no fueran ciegas. El desarrollo incesante de nuevas y superiores formas de energía obedece a las fueras también ciegas del propio
desarrollo humano y de igual forma pierde su empuje cuando deja de ser ciegamente motivado por el progreso.
Hay muchos ejemplos tristes de experimentos sociales tratando de “ponerle visión” a esas fuerzas ciegas. La planificación centralizada de las economías impuestas por el socialismo le costó a la humanidad millones de vidas en hambrunas, deprimió la capacidad de satisfacer sus necesidades a cientos de millones de seres humanos por décadas e hizo inmensamente infelices a otros tantos al limitar su aspiración humana a satisfacer sus necesidades cuando las autoridades determinaban por decreto central cuáles eran válidas y cuáles no. Afortunadamente, el fracaso de esas ideas fue tan estrepitoso que se derrumbó por sí solo, aunque lamentablemente tengamos personajes contemporáneos tratando de revivirlas ignorando groseramente cuántos sufrimientos y estancamientos le trajo a una gran parte de la humanidad.
Así mismo ocurre con la energía. La humanidad hace mucho tiempo que ha ido descubriendo formas superiores de energía con la capacidad de satisfacer las aspiraciones humanas. Sin embargo, ciertos elementos, en forma similar a los experimentadores en la genética social, se han abrogado el derecho de decidir cuáles son buenas y cuáles no. Eso ha provocado una situación que no conoce igual en la historia del desarrollo humano: mientras se arriesga el futuro con un estancamiento o retroceso al agotarse las fuentes actuales tradicionales, se intenta “crear” respuestas “planeadas” de forma similar a las utopías que degeneraron décadas atrás en tiranías socialistas.
Las formas y desarrollos de la energía no pueden ni deben ser ajenas a las necesidades del mercado. Desvirtuar todos los demás mercados imponiendo “alternativas” que distorsionarán la agricultura, encarecerán los alimentos y comprometerán el futuro en nombre de no utilizar tecnologías eficientes y probadas porque son “malas” y “potencialmente inseguras” resuenan cómo los mismos argumentos que siglos atrás surgieron contra la máquina de vapor u otras en sus inicios que se apartaban de las entonces existentes y a la misma “nobleza” que le puso “visión” a los mercados con la planificación centralizada y engendraron la monstruosidad socialista.
Este es un tema “espinoso” y “políticamente incorrecto” ya que los activistas que se atribuyen el derecho a pensar por los demás han creado el espejismo de hacernos sentir a todos “culpables” por haber “tirado por la borda la naturaleza” y que los procesos de evolución del planeta (que existen hace millones de años, mucho antes que tuviéramos automóviles, desodorantes y TV por satélite) son nuestra culpa colectiva, cuya única forma de expiarla es sometiéndonos a sus dictados. Nos amenazan con un Armagedón si no les
aceptamos sus teorías, y lo que es peor, sus soluciones únicas, sin que nos dejen pensar en el Armagedón alternativo que nos vendría encima a consecuencia de los mercados destruidos, de una agricultura estructuralmente deformada y una sociedad totalmente distorsionada y divorciada de su elemento rector básico: la libertad económica como base de su desarrollo en todos los sentidos.
Dr. Fernando Dominguez
El término tecnología es uno de los más utilizados en el lenguaje contemporáneo porque se han ido yuxtaponiendo muchas definiciones y acepciones al concepto original. Y es que en los últimos decenios de la vida humana el conocimiento ha crecido de forma tan explosiva y exponencial que su aplicación se ha diversificado a todos los campos del quehacer humano. Y por extensión, hasta las artes y prácticas ajenas al mundo estrictamente material se les dice que tienen una “tecnología”.
Para comprender mejor esa realidad, a continuación les reproduzco la definición que aparece en la Enciclopedia “en línea” o Wikipedia:
….”Tecnología es el conjunto de saberes que permiten fabricar objetos y modificar el medio ambiente, incluyendo las plantas y animales, para satisfacer las necesidades y deseos humanos. Es una palabra de origen griego, te........, formada por tekne (te..., "arte, técnica u oficio") y logos (....., "conjunto de saberes"). Aunque hay muchas tecnologías muy diferentes entre sí, es frecuente usar el término en singular para referirse a una cualquiera de ellas o al conjunto de todas. Cuando se lo escribe con mayúscula, Tecnología puede referirse tanto a la disciplina teórica que estudia los saberes comunes a todas las tecnologías, como a Educación Tecnológica, la disciplina escolar abocada a la familiarización con las tecnologías más importantes.”
Y es que el desarrollo de los conocimientos, aplicaciones y prácticas para cada vez satisfacer más plenamente las necesidades y aspiraciones humanas es un proceso que comenzó hace miles de años con la utilización más incipiente de las primeras herramientas más elementales, la creación de los primeros refugios y vestidos, de los instrumentos de defensa y comunicación entre los miembros de los clanes y tribus, y los posteriores y subsiguientes desarrollos sofisticados del aprendizaje como un proceso, de la producción en masa y la vida en aglomeraciones urbanas y suburbanas. Cada uno de ellos tiene asignada una tecnología en nuestro lenguaje y quehacer diarios (tecnología
Desde esos primeros pasos de la especie humana hubo la necesidad imperiosa de dominar fuerzas naturales y ponerlas al servicio del hombre para cocinar los alimentos y preservarlos en la abundancia para los períodos de escasez, para controlar el frío y calentar los refugios, para potenciar la fuerza humana y animal y para realizar tareas cada vez más grandes y pesadas, para viajar distancias cada vez mayores y para usos que el propio desarrollo fue creando y eran impensables al principio de la existencia humana.
El primer elemento que habría que dominar fue el fuego; cómo crearlo y extinguirlo a voluntad, cómo dimensionar su intensidad en forma controlada, cómo utilizarlo para lograr transformar y utilizar otros elementos, los cuales cambiaban completamente su utilidad y capacidad sometidos al fuego. La utilización de este elemento y el desarrollo de prácticas y procesos (¿tecnología?) para su óptimo rendimiento condujeron a alternativas que producían resultados similares o mejores con menor riesgo, costo o trabajo y finalmente a resultados completamente novedosos y revolucionarios.
Nació el concepto de energía. Y este concepto también ha evolucionado en paralelo al propio desarrollo humano que ha descubierto sucesivamente nuevas y nuevas formas de energía para saciar la inagotable, creciente y monstruosa demanda humana por comodidad y desarrollo material que requieren transformaciones incesante de la materia, de procesos crecientemente complejos y de consumos insospechados hace solo unas décadas.
Esa creciente interrelación entre dos cosas que en su origen eran independientes: la energía y la tecnología ha evolucionado en esa interdependencia estructural, condicionando la una a la otra en una incesante contradicción cuya solución es el desarrollo, impulsado ciegamente por ella, de forma similar a cómo la incesante lucha por encontrarse entre la oferta y la demanda genera un precio, un equilibrio inestable y momentáneo de dos contrarios en incesante lucha.
La historia del desarrollo humano es la consecuencia de esa motivación perenne por ascender en el plano espiritual y material tanto individual como colectivo, con el trabajo incesante por descubrir formas, recursos y procesos que superen lo que lo limita y encierra. Las fuerzas ciegas del mercado perderían su fuerza si no fueran ciegas. El desarrollo incesante de nuevas y superiores formas de energía obedece a las fueras también ciegas del propio
desarrollo humano y de igual forma pierde su empuje cuando deja de ser ciegamente motivado por el progreso.
Hay muchos ejemplos tristes de experimentos sociales tratando de “ponerle visión” a esas fuerzas ciegas. La planificación centralizada de las economías impuestas por el socialismo le costó a la humanidad millones de vidas en hambrunas, deprimió la capacidad de satisfacer sus necesidades a cientos de millones de seres humanos por décadas e hizo inmensamente infelices a otros tantos al limitar su aspiración humana a satisfacer sus necesidades cuando las autoridades determinaban por decreto central cuáles eran válidas y cuáles no. Afortunadamente, el fracaso de esas ideas fue tan estrepitoso que se derrumbó por sí solo, aunque lamentablemente tengamos personajes contemporáneos tratando de revivirlas ignorando groseramente cuántos sufrimientos y estancamientos le trajo a una gran parte de la humanidad.
Así mismo ocurre con la energía. La humanidad hace mucho tiempo que ha ido descubriendo formas superiores de energía con la capacidad de satisfacer las aspiraciones humanas. Sin embargo, ciertos elementos, en forma similar a los experimentadores en la genética social, se han abrogado el derecho de decidir cuáles son buenas y cuáles no. Eso ha provocado una situación que no conoce igual en la historia del desarrollo humano: mientras se arriesga el futuro con un estancamiento o retroceso al agotarse las fuentes actuales tradicionales, se intenta “crear” respuestas “planeadas” de forma similar a las utopías que degeneraron décadas atrás en tiranías socialistas.
Las formas y desarrollos de la energía no pueden ni deben ser ajenas a las necesidades del mercado. Desvirtuar todos los demás mercados imponiendo “alternativas” que distorsionarán la agricultura, encarecerán los alimentos y comprometerán el futuro en nombre de no utilizar tecnologías eficientes y probadas porque son “malas” y “potencialmente inseguras” resuenan cómo los mismos argumentos que siglos atrás surgieron contra la máquina de vapor u otras en sus inicios que se apartaban de las entonces existentes y a la misma “nobleza” que le puso “visión” a los mercados con la planificación centralizada y engendraron la monstruosidad socialista.
Este es un tema “espinoso” y “políticamente incorrecto” ya que los activistas que se atribuyen el derecho a pensar por los demás han creado el espejismo de hacernos sentir a todos “culpables” por haber “tirado por la borda la naturaleza” y que los procesos de evolución del planeta (que existen hace millones de años, mucho antes que tuviéramos automóviles, desodorantes y TV por satélite) son nuestra culpa colectiva, cuya única forma de expiarla es sometiéndonos a sus dictados. Nos amenazan con un Armagedón si no les
aceptamos sus teorías, y lo que es peor, sus soluciones únicas, sin que nos dejen pensar en el Armagedón alternativo que nos vendría encima a consecuencia de los mercados destruidos, de una agricultura estructuralmente deformada y una sociedad totalmente distorsionada y divorciada de su elemento rector básico: la libertad económica como base de su desarrollo en todos los sentidos.
1 Dr. Fernando Dominguez, Economista y Profesor
del aprendizaje, de la manufactura, de la producción, de la distribución, de las comunicaciones, etc. etc.).